“La única manera de hacer una revista es que unos jóvenes amen y odien algo con pasión. Lo otro es una antología”, dijo Borges. Tal parece haber sido el origen de los dos grupos intelectuales que formaron las revistas culturales más influyentes de los últimos treinta años en México.
Corría el decenio de 1970. El periódico Excélsior, espacio de crítica al sistema político mexicano, acababa de sufrir el golpe del gobierno de Echeverría. En solidaridad con el director del periódico, Julio Scherer, quien fue expulsado a raíz del golpe, numerosos intelectuales dejaron de colaborar en las páginas del diario y se encontraron en la disyuntiva de guardar silencio para evitar agresiones gubernamentales o impulsar nuevos espacios de crítica. Optaron por esto último.
Por un lado, desde la perspectiva del liberalismo de centro-derecha, un equipo, encabezado por Octavio Paz, arrancó el proyecto de la revista “Plural”. Tras unos cuantos números, “Plural” desapareció y Paz lanzó una nueva publicación de nombre “Vuelta”. Varios años más tarde, tras la muerte de Octavio Paz, grupo “Vuelta” siguió adelante y creó una nueva revista, “Letras Libres”, bajo la dirección de uno de los que en su momento fue un joven colaborador de “Vuelta”, Enrique Krauze. Sostengo que “Letras Libres” no ha logrado igualar la calidad de “Vuelta”, pero es preciso reconocer que el grupo ha mantenido coherencia política y literaria a lo largo del tiempo.
Por otro lado, desde la perspectiva del centro-izquierda, un equipo encabezado por Enrique Florescano y apadrinado por Carlos Fuentes fundó la revista conocida como “Nexos”. Así como en “Vuelta” el joven Krauze sobresalió por su entusiasmo, en “Nexos” destacó el entonces joven Héctor Aguilar Camín. A diferencia de grupo Vuelta, que decidió poner el acento en la calidad artística de los textos y en la crítica política y cultural ejercida por escritores, “Nexos” buscó, desde el principio, una aproximación que hoy llamaríamos “interdisciplinaria”. El título de la revista viene de que buscaba establecer lazos de comunicación entre áreas diversas del conocimiento. Así, colaboraban en sus páginas escritores, analistas políticos, estudiosos de las ciencias sociales, historiadores, científicos y funcionarios públicos.
Al principio “Nexos” parecía ocupar un espacio de reflexión política más documentado que “Vuelta”, por el respaldo que le daban colaboradores procedentes de las ciencias duras o que se valían de herramientas de las ciencias sociales para sus análisis. En cambio, la crítica literaria y cultural parecía tener representantes más autorizados del lado de “Vuelta”, por el papel de caudillo supremo del mundo cultural mexicano que ocupó hasta el final de sus días Octavio Paz. En realidad, los colaboradores de ambas revistas se tomaban la molestia de ser muy claros en sus prejuicios ideológicos. No obstante, el hecho de que “Vuelta” estuviera libre de la colaboración de funcionarios públicos, le permitía alegar a Paz que la suya era una publicación más independiente. Esto nunca quedó del todo claro, pues ambas revistas han tenido en sus páginas mucha publicidad gubernamental y en los últimos años, de empresas como Televisa o Telmex. La necesidad de recurrir a esta publicidad, se debe, naturalmente a la falta de lectores. Una revista cultural de calidad en México no es sustentable por sí misma. No se pueden pagar buenas plumas si el tiraje de la revista es reducido o si el tiraje es amplio pero no se vende. Las revistas culturales en nuestro país precisan, aunque lo nieguen, subsidios explícitos o disfrazados. Naturalmente, con esto pierde el debate público mexicano, la revista no la pagan sus lectores, sino los mecenas.
A la vuelta de los años (dije vuelta sin asomo de ironía), la historia pareció darle la razón a Paz y los suyos. El derrumbe del socialismo y la consiguiente revelación documentada de muchas de sus atrocidades condujo a la izquierda mexicana y en consecuencia a “Nexos” a una revaloración o examen de sus opiniones políticas previas. Algunos se quedaron en la orfandad intelectual, otros, se empeñaron en defender lo indefendible, y hubo quienes empezaron a buscar alternativas. La causa liberal parecía ser la victoriosa. Algunos integrantes del bando ganador se regocijaron a tal punto que pecaron de optimistas. Es el momento en que inteligencias tan sobresalientes como la de Francis Fukuyama incurrieron en el despropósito arrogante de llamar ese momento “el fin de la historia”. A quienes en el pasado inmediato defendieron la causa de la igualdad se les tachó de estalinistas, dictatoriales, totalitarios y otras lindezas semejantes a las que los igualitarios usaron contra los liberales, a quienes en otro momento calificaron, en atención a la cortesía intelectual, de reaccionarios, lacayos del capital, esclavos del imperio, enemigos del pueblo, etcétera. Como se ve, las batallas intelectuales no son tan tersas y civilizadas como uno ingenuamente pensaría.
Fue en esa circunstancia de pérdida de referentes intelectuales y políticos para la izquierda mundial, que Héctor Aguilar Camín, la joven promesa de “Nexos”, llegó a la dirección de la revista. La ruptura dentro del grupo “Nexos” se produjo por la cercanía de Aguilar Camín con Carlos Salinas, quien resultó candidato presidencial del PRI. La izquierda tradicional de “Nexos”, un grupo nostálgico del cardenismo del decenio de 1930, se adhirió a la candidatura del ex priísta Cuauhtémoc Cárdenas, oponente de Salinas. Carlos Monsiváis, Lorenzo Meyer y otros colaboradores de “Nexos” se sentían más a gusto con el modelo estatista de los decenios anteriores y favorecían a la generación de políticos que se fue quedando sin espacios en el PRI. Entiéndase Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez o Andrés Manuel López Obrador.
Aprovechando la debilidad electoral y dispersión de los partidos de izquierda mexicanos, Cárdenas y Muñoz Ledo tuvieron la habilidad de ponerse a la cabeza de ellos para presentar una candidatura presidencial común: la de Cuauhtémoc Cárdenas. Éste, una vez derrotado en una contienda donde alegó un fraude que nunca probó, fue bautizado por algunos como “líder moral” (¡!) del nuevo partido que formaron con los residuos de lo que alguna vez fue la izquierda mexicana y sobre todo, con los priístas que se habían quedado sin cargos públicos al ser desplazados por la nueva generación: el PRD. Es llamativo constatar cómo la mayor parte de los presidentes nacionales y estatales del PRD no han sido antiguos militantes de la izquierda, sino ex priístas irritados por la marginación que empezaron a sufrir en su partido de origen.
Aguilar Camín no ocultó sus simpatías, asesores de Salinas escribían en las páginas de “Nexos” y la revista incluso reprodujo discursos completos del candidato presidencial priísta. Una vez llegado Salinas a la presidencia, las conexiones entre el gobierno y la revista continuaron. Los cardenistas que antes colaboraban en “Nexos” se salieron, y “Nexos”, merced al apoyo presidencial en gastos publicitarios, pudo sortear económicamente la crisis de credibilidad de las antiguas publicaciones de izquierda y formar su propia editorial “Cal y Arena”.
Paz no se cansó de denunciar a “Nexos”, no se sabe si por verdadera convicción de que el intelectual debe ser independiente o por envidia del apoyo explícito del gobierno. Me inclino un poco más por lo segundo. La vieja pugna entre las dos revistas se avivó. Paz moderó su crítica al régimen y empezó a hacer a declaraciones elogiosas de Salinas, con quien logró un acercamiento personal. Adicionalmente, Paz intensificó su proximidad con Emilio Azcárraga, propietario de Televisa, quien le había abierto espacios televisivos desde varios años antes y pagaba publicidad en la revista.
Ya entrado el decenio de 1990, Paz organizó con “Vuelta” un evento internacional patrocinado por Televisa para hablar de la libertad y el colapso del socialismo. “Nexos” hizo lo propio cuando logró el subsidio de la UNAM. Un coloquio de invierno, dijeron, para discutir el futuro de las luchas sociales. En ambos eventos participaron figuras de relieve nacional e internacional. Lo curioso es que en su evento, Paz, quien exigía a los escritores independencia intelectual y distancia del gobierno, reprendió severamente a Mario Vargas Llosa cuando éste calificó al PRI de “dictadura perfecta”. Vargas Llosa salió del país en circunstancias que se asemejaban mucho a la expulsión de un extranjero indeseado por ejercer la crítica contra el gobierno mexicano y Paz no dijo ni pío. Aparentemente, había que tomar distancia del gobierno… pero no tanta. Paz quería mantener buenas relaciones con Salinas y da la impresión de que, secretamente, envidiaba el trato concedido a “Nexos” y deseaba que su revista fuera el órgano oficial del pensamiento mexicano.
Son muy abundantes las anécdotas que podrían referirse en torno a las disputas de estos dos grupos intelectuales, desde los ataques de Krauze a Fuentes hasta el errático cambio de rumbo que imprimió Aguilar Camín a “Nexos” para congraciarse con Zedillo una vez que Salinas salió de la presidencia. Y es que Zedillo arrancó su gobierno asumiendo una condena del gobierno de Salinas (a pesar de ser de su mismo partido y de que Zedillo fue un integrante importante de ese gobierno), al cual culpó de la crisis económica. Incluso, Zedillo declaró una guerra personal a Salinas al encarcelar al hermano de éste último luego de un proceso judicial plagado de irregularidades. “Nexos” pues, fue cayendo en el descrédito político. Lo que al principio parecía una valiente pero peligrosa toma de posición y alineamiento con las propuestas de Salinas, se notó más tarde que era una volatilidad política que cambiaría de parecer dependiendo de quién ocupara la presidencia de la república. Luego de la salida de Aguilar Camín, “Nexos” quedó a cargo de gente como Rafael Pérez Gay o Luis Miguel Aguilar (escritor uno y poeta el otro) y se transformó en una publicación más literaria, perdiendo terreno la reflexión política. Bien mirado, parecía un paso estratégico para no tener que tocar temas escabrosos en el sexenio de Zedillo. Aguilar Camín no podía renegar públicamente de la defensa a ultranza que había hecho de Salinas, o eso creíamos muchos, pues finalmente sí lo hizo sin ningún pudor ni explicación de por medio. Cuando el semanario “Proceso” exhibió los cheques que Aguilar Camín recibió del gobierno, el escritor detuvo su andanada de abjuraciones.
Ya entrado el siglo XXI, la pugna entre las dos revistas había perdido vitalidad. “Nexos” cargaba con el descrédito de la incoherencia y el oportunismo político, la acrobacia ideológica (colaboradores de la antigua revista de la izquierda mexicana parecían pronunciarse a favor de la candidatura de Vicente Fox, un derechista moderado) y lo más importante, la pérdida de calidad en los textos. Ya no se antojaba una polémica de propuestas con el grupo “Vuelta”; sino un intento acomodaticio para recuperar favores gubernamentales defendiendo cualquier tesis útil a los círculos oficiales. Era un esfuerzo mediático sin compromisos precisos o propuestas culturales claramente delineadas. A eso se suma que varios intelectuales de izquierda ya no reconocían a “Nexos” como expresión de sus ideas. Desde los cardenistas que rompieron con la revista durante el pronunciamiento a favor de la candidatura de Salinas, hasta otros que habían ido saliendo por problemas personales con Aguilar Camín o porque se fueron deslindando del salinismo luego de haber sido sus promotores. En suma, un poco más tarde, pero el vacío ideológico posterior al colapso del socialismo real los alcanzó.
Queriendo rescatar la revista del naufragio (cada vez eran más las páginas destinadas a publicidad y menos numerosas las ventas de ejemplares), se invitó a José Woldenberg a asumir la dirección de la publicación una vez concluido su período como consejero presidente del IFE. Se creía que Woldenberg traería a la revista nuevos aires y el prestigio que le construyeron los medios durante y después de su gestión al frente del IFE. Mientras, “Vuelta” se había transformado en “Letras Libres” y crecía en el aprecio de los lectores, pues aparentemente, como ya dijimos arriba, la historia le había dado la razón a los liberales. Grupo “Vuelta” pudo alegar que siempre estuvo del lado de la causa correcta y que su independencia intelectual la hacía más valiosa que el oportunismo de “Nexos”. Ya vimos que esa independencia era cuestionable en lo político, no así en lo literario, donde siempre han privado criterios de calidad. Grupo “Vuelta” se distanció del gobierno para acercarse a los empresarios, pero como la versión oficial después de 1991 proponía al estado como el gran villano del siglo XX, no se tomó a mal el cambio de lealtades intelectuales, sino que se asumió como parte de un programa coherente.
La llegada de Woldenberg no supuso la ansiada revitalización de “Nexos”. Cada vez era más difícil advertir diferencias ideológicas o políticas respecto de “Letras Libres” y a pesar de golpes mediáticos llamativos como una encuesta publicada por “Nexos” sobre las “Mejores novelas mexicanas de los últimos treinta años”, la revista sobrevivió, pero no se levantó. En calidad literaria y en formatos editoriales “Nexos” ya no tenía nada que hacer contra “Letras Libres”. La plana de colaboradores de “Nexos” había envejecido y su impresionante mesa editorial internacional, que incluía plumas de reconocimiento mundial, no hacía acto de presencia en las páginas de la revista. Ya no estaba claro el enfoque interdisciplinario y tampoco parecía capaz de reclutar plumas jóvenes. Mientras a “Letras Libres” llegaban emocionados a colaborar los jóvenes escritores mexicanos, uno seguía leyendo a la misma gente en “Nexos”. Practicantes de las ciencias sociales educados en universidades de habla inglesa, los colaboradores de “Nexos” ya no cuidaban la corrección lingüística ni el uso adecuado del español, sino que importaban en malas traducciones los términos aprendidos del inglés. Las páginas dedicadas a asuntos culturales eran cada vez menos. Escritores de fuste ya no tenían (se fueron a la competencia), y las reseñas no tenían el talante crítico y bien escrito de antaño, sino que parecían resúmenes de libros hechos por estudiantes.
No quedaba clara la causa política de “Nexos”, tampoco la cultural, ni siquiera el estilo. Los colaboradores componían una miscelánea muy poco atractiva, decorada con ilustraciones escasamente llamativas. El papel era grueso, la revista cara y se aparecía publicidad de todos los niveles de gobierno y de todos los partidos políticos página tras página. ¿A qué segmento de la población estaba dirigida? ¿Cuáles eran sus temas? ¿Dónde estaban las plumas nuevas que la refrescarían y harían que la leyeran los jóvenes? Los únicos jóvenes que participan en “Nexos” son hijos de los colaboradores originales, y por cierto, sus textos no siempre tienen la misma calidad de los de sus padres. La aparición de otras revistas empeoró el panorama. Ya existían publicaciones al estilo “Este país”, que como revista de datos duros y análisis sofisticado superaba a “Nexos”. En terrenos artísticos apareció “La tempestad”, cuya calidad literaria se llevaba de calle a “Nexos”. Como revista cultural-intelectual para el debate público se había posicionado mejor “Letras Libres”. Pero el monopolio intelectual de “Letras Libres”, si bien, logrado con justicia y en atención a merecimientos reales, me parece que empobrece el discurso público. Es preciso que haya más voces discurriendo sobre los temas de actualidad política y cultural, quizá con propuestas distintas para poder establecer contrastes con el liberalismo de “Letras Libres”. Y es que “Este país” lo leen estudiosos de ciencias sociales, “La Tempestad” la leen artistas y escritores, pero se está perdiendo la idea de una publicación integral que forme al intelectual público, capaz de reflexionar sobre distintos temas. La única revista de ese tipo es “Letras Libres”.
Creí que con la irrupción de “Revuelta”, la revista cultural de la Universidad de las Américas Puebla, el panorama editorial se vería enriquecido con nuevos debates y nuevas voces nacionales e internacionales. No obstante, esta revista duró muy pocos números, en razón de la penosa gestión de Pedro Ángel Palou como rector de la UDLA. Al ser Palou el impulsor de la revista, una vez que salió prácticamente expulsado de la universidad, la revista desapareció. No es que yo creyera que Palou y su grupo del crack fueran “el parto finisecular de los montes en la literatura mexicana” como les dice con sorna Christopher Domínguez Michael, pero sí pensé que su juventud, audacia y experiencia como funcionarios culturales les permitiría aportar al discurso público y cultural mexicano algo diferente de “Letras Libres” cuyos colaboradores nunca han tenido posiciones de poder en burocracias públicas y por consiguiente no tienen elementos prácticos para ejercer la crítica. Como se dice coloquialmente, la gente de “Letras Libres” por imposición “ética” de Octavio Paz, “ve los toros desde la barrera”, pasando por alto la rica tradición mexicana de intelectuales políticos y políticos intelectualizados.
En suma, si bien se ha consolidado como empresa editorial y como revista, tengo la impresión de que “Nexos” depende más bien de un mercado cautivo que irá disminuyendo con los años (por envejecimiento y muerte de sus integrantes incluso) antes que seguir aumentando su atractivo para nuevas generaciones. Todo aspirante a escritor ha leído o lee “Letras Libres”, no así “Nexos”. Parece además que “Nexos” sigue hundido en querellas personales. A principios de este año Woldenberg salió de la dirección de la revista y, según se dice, por haber dedicado un número de la misma en homenaje a Monsiváis, quien está peleado con Aguilar Camín. Este homenaje habría enfurecido a Aguilar Camín y lo habría obligado a retomar la dirección de una empresa que ve como gabinete político donde todas las lealtades deben estar subordinadas a él. De todas maneras Woldenberg no estaba logrando mucho. Hubo incluso un número dedicado al cine en el que se presentaban las películas favoritas de gente que no sabe de cine…
Así, el futuro de “Nexos” no es muy claro. Es de esperar que la amplia red de relaciones mediáticas de Aguilar Camín (sobre todo con Televisa y con Carlos Slim) le permita reposicionar públicamente la revista. Hasta el momento la única medida de fondo ha sido poner gratuitamente el archivo de “Nexos” a disposición del público en Internet. Con todo, creo que lo primordial es que hagan un diagnóstico de arranque que les permita apreciar la magnitud de la decadencia. Si no, no serán únicamente los propietarios de la revista los que pierdan, sino los que esperamos y anhelamos la renovación del discurso público mexicano . Esperemos pues, que “Nexos” logre su puesta al día.
La facilidad con que se desechan a los miembros de la clase política revela una de las cuestiones más podridas en este país: Los chivos expiatorios codiciados por los medios para desentrañar lo más podrido, ya no de su acción política, sino de sus hábitos, amoríos, desencantos, amistades… Los periodícazos –contundentes como patear a un paralítico, diría Trotsky– que acaban con la carrera de personajes antes lustrosos y llenos de favores.




Otro caso que acaparo la atención nacional fue la entrevista Aristegui/de la Madrid, la cual trajo el nombre de Salinas de vuelta al cuestionamiento, con unas declaraciones; sobre la inmoralidad con respecto al dinero de Salinas, un arrepentimiento por parte de de la Madrid de haberle cedido el poder a este, el cinismo para gobernar México y los nexos de dinero del narcotráfico con la familia Salinas. Pocas horas después en un comunicado del ex presidente Carlos Salinas de Gortari hacia la periodista Carmen Aristegui, que alrededor del medio día se hiciera publico
Reitero TOLERAR no es indiferencia, el domingo 17 de mayo fue el Día Internacional de Lucha contra la Homofobia, personalmente creo que la tolerancia hacia la realidad de la comunidad gay, reside en reconocer la diferencia y aceptarla, y por qué no, apoyarla si es necesario; no que sencillamente no nos importe lo que suceda con ellos; la situación de discriminación hacia la comunidad gay en México es un tema delicado y muy fuerte, pues muchas veces la preferencia sexual de ciertos individuos les cierra puertas laborales, políticas y tristemente familiares.
La ola de xenofobia que desató la influenza humana (A H1-N1) en todo el mundo ha puesto en entredicho los suspiros de la unión latinoamericana con la que muchas personas y líderes se arropan. En momentos claves y de crisis, como fue esta ocasión para México, los países extremaron precauciones, implementaron políticas, estuvieron al tanto del desarrollo de la pandemia y aconsejaron a sus connacionales en este sentido.
que siempre tachamos de ser inmisericordes y jinetes del colonialismo; sí, ésos, implementaron políticas que permitieron una comunicación cercana e interactiva con los funcionarios de nuestro país.
Pero ahora el otro extremo del péndulo: nuestro amigos, nuestros hermanos latinoamericanos (sí, así nos llevamos), lo mejor que pudieron hacer fue cerrar sus fronteras, poner en marcha políticas que fomentaron la xenofobia (Argentina), lanzar acusaciones de complots internacional y de lambisconería por parte de los mexicanos con EUA (Cuba) y en el mejor de los casos un silencio bastante prologado (Chile, Brasil, Venezuela –sí la Venezuela de Chávez y el fervor bolivariano–, Colombia –nuestros aliados en la lucha contra el narcotráfico–).

La práctica de reproducir declaraciones desprovistas de su contexto original para gestar pleitos mediáticos entre personajes de visibilidad pública, el manejo de las notas con el mayor sensacionalismo posible y la recurrencia de los chismes ajenos a toda evidencia empírica, fijan el parentesco entre un gremio que no se está dando a notar por su profesionalismo. Sírvase, el hipotético y ocioso lector, hacer el siguiente ejercicio.
Note usted cómo ambas emisiones se limitan a la presentación de notas informativas correspondientes a declaraciones de personajes conocidos, a las que anteceden y continúan prolongados comentarios editoriales, restringidos a la exposición de opiniones de los participantes en el programa. Bien es verdad que las opiniones no se molestan en aportar evidencia documental de lo señalado en las declaraciones. Éstas últimas se dan por ciertas, sobre todo en los casos en que la reputación de un personaje que no goza de las simpatías de la titular de la emisión es el que resulta lesionado por los señalamientos irresponsables de alguno de sus detractores. Y en eso se van las horas.
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